Nadie recuerda la
amapola marchita,
ni el narciso que
cabecea al sol.
Nadie acude
al recuerdo sonoro
del arroyo que se deshiela,
ni a la cascada batiente
que desciende la abrupta
montaña.
amapola marchita,
ni el narciso que
cabecea al sol.
Nadie acude
al recuerdo sonoro
del arroyo que se deshiela,
ni a la cascada batiente
que desciende la abrupta
montaña.
Nadie recuerda la roca
descarnada, ni el hielo
mellando su corazón desnudo
rendido al alba
del gozoso invierno.