Por momentos se añora
la quietud de un instante, el reposo leve
de una gota de agua sobre la piel desnuda,
la mano detenida en la caricia
de nuestra propia sombra.
Hube de perder amor,
amantes.
Hube de habitar temprana
y madura herida.
Hube de aprender a escalar
pequeños pozos de derrota.
Hube de ser niña, esposa, madre
Mujer al fin
Hube de habitar el anhelo
de ser en soledad
la imagen
que me devuelve cualquier espejo.
Estoy sentada entre extraños,
fumando un cigarro, alojo el vacío
súbito, la nausea, el ser aquella
que será polvo de otro tiempo.
Vencerme siempre,
a pesar de la vida
que me persigue,
de la luna que alumbra,
del sol despiadado.
Vencerme siempre,
con los sueños expuestos,
con los vencidos,
con los olvidados.
Vencerme siempre,
a pesar de mi palabra,
del gesto amado, de la caricia
extraña, del hueco de tu mano.
Vencerme tanto para saber
que estoy viva, que muero a cada
instante mientras te busco,
mientras te espero, acaso sin
nombrarte.
Vencerme siempre para poder
encontrarme a pesar del silencio
que habitas, del aire dónde me rondas,
de la sombra que asola,
del corazón que no estrenamos.
Solamente desvestimos nuestra
piel envueltos de deseo,
con el corazón aparcado
a los lados de la cama,
con nuestro ayer
a los pies del recuerdo.
Solamente desvestimos nuestra
piel y lamemos sus heridas,
el dolor que lacera, la ausencia
de nuestras almas.
Tendemos nuestro pensamiento
sobre las sábanas y olvidamos
el viento que acaricia el deseo,
sujetando una vez más nuestra
pasión al horizonte incierto
de una vida que relevamos
junto al oasis de nuestro desierto.
Caminas ciego,
abanderado por tu dolor
y eliges en mi su diana certera.
No sopla el viento del mar
y el fragor de las olas bate tu triste
corazón para la melancolía del alma.
Bailas la danza antigua
donde se sume el dolor y alejas
la mirada de mis ojos
como si borrases mi existencia.
Giramos con la tierra y sus días
y una elipse invisible nos sujeta
a la espera de ser otros y habitar el amor
que nos profesamos.
Para Alberto
Allí sin ti,
envuelta en la melodía
estábamos los dos.
Yo en continuas lágrimas
mientras los recuerdos asolaban
"Mañana de Carnaval"
y yo sin ti,
sin tus manos,
perdida una vez más
desde que te fuiste.
No supe sostener el momento,
contener una vez más
la emoción de saberte ausente
bajo el desgarro inconsciente,
sujetar el vértigo en el pentagrama
de otro tiempo.
"Mañana de Carnaval en la espiral
continua de una tarde,
de una mañana infantil
de camino al colegio,
de vuelta a casa,
y nuestro incesante tarareo
bajo el arcoíris brillante
de unas notas infinitas
colmando nuestros momentos.
Allí sin ti,
envuelta en la melodía
seguimos los dos ajenos al tiempo
en el continuo devaneo
de una notas prendidas en el pentagrama
de mi corazón.
Sobre mi cuerpo
tu ausencia, el hueco de una caricia,
el labio perdido sobre mi piel,
un requiem sórdido,
la melodía de este adso.
Los espejos vacios,los azogues muertos,
sin nuestra voz.
Sobre mi mente la cascada
continua de un desamor,
la historia vencida por la mentira,
la cárcel del corazón,
las alas vencidas, el rescoldo
de la traición.
Sobre mi cuerpo las lides,
la batalla de una ilusión, la derrota certera,
el sueño marchito, la pesadilla atroz,
mi garganta rota y un brote de deseo
continuo manando sobre mi voz.
Mía es la culpa.
La vida que te asola,
La nausea del horror.
Terrible vivir con la sangre y la entraña
compartida, con el corazón
dividido, con las alas heridas.
Mía es la culpa.
Solamente te entregue la vida,
La inconsciencia del ser,
El sórdido réquiem y la melodía
que instrumentas en el pentagrama
de la pasión humana.
Mía es la culpa de amarte
infinitamente, de liberarte,
de sufrir tu abandono
y la pena honda que te ronda el alama.
Mía es la culpa y mía es la espera,
Perdóname, la vida siempre es
la alegría de saberse madre, mujer,
ser efímeramente humano.