Dime si es la noche
quien sucede a esta tarde
de pesadas nubes.
Si es el sol escondido
tras la ola gris de este metálico
cielo, quien matiza el cristal
del corazón cansado.
Dime si es el reloj olvidado
en el recóndito rincón del alma,
quien avanza las agujas
y precipita los cuartos.
Si es tú boca quien reclama
detrás de los andamios de la vida
para bajarme a ras de suelo
y darme de bruces con la piel
dónde habita mi herida.
Dime quien contesta al desvarío,
al derroche del destino, al sueño
lastimero del adiós sin remedio,
al frio de la entraña
donde socava
el miedo.