jueves, 30 de noviembre de 2023

SIN ESTACION

 Decido no bajarme en la estación

de parada, nada que llene el corazón

espera en ese anden donde detenerse.

Tengo que seguir como los días

se suceden para contemplar los cielos

nuevos, los luceros del frio invierno,

los árboles desnudos clamando

al viento.

Tengo que seguir como las estaciones 

recorren el año, como las vacaciones de la escuela,

como el arrollo que mana unas veces lleno

y otras escaso.

Decido no bajarme en la estación

de parada, nada que sacie mi boca

espera en ese anden donde detenerse.

Tengo que seguir mudando la piel

que me contiene, el pelo que arrastro, 

limar uñas y dientes

y aprender cantando del otro lado

del espejo la canción que meza

 la nueva danza de mi cuerpo entregado.

UMBRAL

 Crecer peligrosamente, sin saberlo.

Atravesar la frontera, exilarse 

sin ser consciente.

Jugar y perder el miedo, atravesar 

el umbral de lo prohibido, 

viciarse con la mente.

Ser ajeno a la costumbre, atravesar

el rancio espejo.

Mirar al otro lado sin observar

el retrovisor que te observa

fijamente.

Precipitarse al abismo

 donde otros danzan 

ritmos diferentes.

Quedarse quieta y esperar 

el susurro del viento ausente,

 la gota de lluvia 

posada en mi pelo,

 la leve bruma  en la mañana.

Esperar un cielo con su luna y 

saberse sola y gastada,

 y lamer la herida y cabalgar 

 la noche entera y

 esperar otra madrugada.

REALIDAD

 Somos espejos rotos, 

téselas ínfimas que ligan 

la vida que nos habita 

desde el caos  y la calma.


Somos el olvido, el recuerdo,

la cicatriz, la herida, el deseo,

la idealizada memoria 

sobre nuestro cuerpo andante,

y el sueño de nuestros anhelos 

desmadejados.

Somos la piel que extendemos

 hacia los abrazos sinceros,

 a las manos  que nos sujetan,

 a los zapatos que nos calzamos.


Somos lo que soñamos, los hijos

de nuestros deseos, los padres

que nunca seremos, la familia

 que anhelamos y el espejo

 en el que nos buscamos.


Aunque este roto

y esa sea la realidad

en que habitamos.

martes, 21 de noviembre de 2023

INFANCIA

 He vuelto a pasear los mismos

sitios de la infancia,

las calles empedradas de vuelta 

a casa, los Dominicos y

 sus viejos cipreses,

la pequeña iglesia escondida, 

Santo Tomé, y 

la calle de Los Mártires.

La luna sigue estampada contra 

el convento de las Claras 

en las oscuras noches de otoño y 

he buscado asir tu mano nuevamente 

para sentirme 

tan querida como entonces,

cuando era libre de ser y hacer

lo que quería entre la calle 

y el ultramarinos.

He recordado ahora mi esencia

infantil, la que poco a poco

perdí,

y me vuelve a brindar la vida

en un beso lento y profundo

del que no puedo soltarme ,

ni respirar,

solo la risa expande 

mi pecho, y el llanto,

solo ablanda el silencio

conventual de cualquier desdicha.

Todos nuestros pasos juntos

por doquier, rozando

el final de la Gran Vía y 

esa ilusión bendita de compartir 

contigo cualquier momento

 me sigue llamando

por todas las calles del barrio,

elevándome al recuerdo 

donde late mi corazón y 

nuestro encuentro

LO SIMPLE

 Lo simple fue levantarse después,

maquillarse, vestirse y tomar café.

Fue simple pasear las calles 

una vez más sola, adquirirlo

 fue una temprana costumbre

mientras agonizábamos.

Lo simple fue dejar oscilar el pecho

libremente y sujetarse a la melodía

del adiós consagrado.

Fue simple acostarse y 

dormir sola,

sin la traición consumada y 

mantenida del verdugo que fuiste.

Lo simple fue aceptar la palabra

ausente, el alma desmadejada,

mi pelo arrastrado por la casa.

Fue simpe vivir, llorar, desear,

 seguir amando mi costado y 

desplegar las alas al fin.

Lo simple fue ser la mujer que 

siempre pacientemente espere 

encontrarme.

CUENTOS

 Me he contado algún cuento,

cómo negarse a la infancia

prometida,

al sueño de dormir

eternamente y ser resucitada

por el príncipe azul.


Me contado cuentos

sin príncipe, ni princesa,

sin perdices para comer,

ni felicidad eterna

donde envolver

el dolor de la ausencia

en papel de celofán.


Me he contado cuentos

en el afán infantil

de no olvidar los sueños,

ni los azules eternos

 donde encontrar paisajes 

que tejan tiritas

para mi corazón lacerado 

y maliciento.

EXILADA

 Mi corazón vaga por el precipicio 

de la vida.

Alguien soltó mi mano repetidas 

veces

y el paso,

que siempre encuentra un camino,

eligió perdido.

Las mariposas

que en otro tiempo te señalaban,

aletean rápidas en el vacío

insondable donde un adiós tras otro,

obra el desencuentro.

Mi cintura olvido el abrazo

que lleno su hueco

y un grito recorre la entraña

de mi pensamiento

para llenar el eco donde nos perdemos.

Exilada en mi camino

con la sombra de otro tiempo vago,

y un recuerdo fiel 

es hoy mi compañero