No he abandonado el dolor,
ni cegado su estancia,
ni siquiera la peste que asola y
se arrastra desde la entraña para sentir
la pura laceración.
No, no lo he abandonado porque
persiste en su tarea y
no olvida mi carne, ni su hueco. pasea
conmigo las habitaciones de casa,
contesta al teléfono y
me acompaña hasta altas horas de la madrugada.
No, no lo he abandonado,
tan solo le dejo convivir con el resto
de mi vida entre café y
descafeinado, lo saco de cañas,
le presento a mis amigos,
alguna noche lo agito bailando y
le regalo otros ritmos.
No he abandonado el dolor,
espero su marcha y
mientras prepara las maletas,
plancho los sentimientos marchitos,
doblo memorias tristes y
escojo los calcetines perdidos
en el cajón de nuestro olvido.
No, no niego este dolor,
pero mi corazón se nutre de otra
vida donde se engancha la risa y
me espera el tiempo tranquilo
que se gasta con ganas de ser conmigo y
con otros.
No, no niego esta nueva vida.