No contaron conmigo.
Y hablaron de mi,
de las mujeres
que hoy caminamos por el sendero
de la vida.
Y hablaron de mi,
de la tierra que habito,
del mapa que trazo mi mano
en el recuerdo de la infancia.
No contaron conmigo.
Y hablaron de mi,
de lo que me satisfacía,
de lo que necesitaba,
del futuro seguro de los míos.
Y hablaron de mi,
sin temor a equivocarse,
a saberme extraña
de un discurso irreverente
dónde señalarte por tu credo,
por tu piel,
por el barro del que naces,
por la frontera que cruzas,
por la lengua en la que sueñas.
No contaron conmigo,
para inventar
la retórica de un cuento
repetido y maldito dónde
desterrar y maltratar la diferencia,
el discurso de la posibilidad,
la existencia y su complejidad.
No contaron conmigo,
contaron con la desigualdad,
con el miedo a la falta de pan,
con las tachaduras para sobrevivir,
con el naufragio de los ahogados
sin un mar para flotar,
para emerger,
para gritar.
Y olvidaron al hombre,
y al gorrión, a la amapola
en la cuneta que viste calaveras
enterradas.
Y olvidaron la palabra posible,
la palabra necesaria para el corazón
que late despierto,
esperando rebelde y alegre,
satisfecho del rumor del viento,
de la ola de su cielo extenso,
del polvo de su tierra,
de la ceniza esparcida,
simiente
de todos los tiempos.