miércoles, 19 de marzo de 2025

 No todos los días se besa la vida,

algunos se destila el alma 

en el alambique de la derrota.

 Porque la vida tiene miserias

que la mirada no esconde

y mis ojos no ven el mar,

y la orilla de mi corazón

no lame las olas,

ni degusta el salitre que el viento

esparce allí, donde la vida redime

cualquier dolor

y las lágrimas vierten su pena

en las aguas mansas de un océano

que sueño cada noche,

como el deseo adolescente

que me puebla el alma.

Cintura olvidada

No puedo contemplarte

en esta fría noche de estrellas,

quizás mis ojos niegan

el arco que sujeta mi brazo y 

solo encuentro tu cintura 

olvidada en el cielo, como el tiempo

que obvio nuestro recuerdo.

Ni tus ojos perdidos, ni la mirada

escrutadora del momento contienen 

mi alma desbordada en tanto

recuerdo.

Dime Orión, quien contuvo nuestro

deseo, el afán de nuestros sueños.

Dime tu desde el hemisferio norte,

si cualquier noche perdida

de este futuro invierno, nuestros

arcos lanzarán anhelos

como esas saetas fugaces que 

lloran el amor de otros inviernos.

Nausea

Así nace la nausea 

desde un rincón profundo

de la entraña y cabalga

hacía el pecho y tiembla

en la garganta y uno traga

saliva y tiembla inhalando

el asco de un horror que anida

siempre en su corazón. 

 Yo que vine del desierto,

de la arena que puebla la carne,

del viento que calla la voz

del pensamiento,

de la soledad sonora donde reverbera

el sueño del corazón,

sedienta, hambrienta conservo

el alma intacta y bebo 

de esta olvidada vida,

libre de hallar cualquier oasis

que satisfaga 

abruptas realidades.

El hombre que no me amó

 El hombre que no me amó,

no caminaba descalzo,

ni leía mis versos a escondidas.

No miraba mis manos amasando

la harina, ni gastaba mi piel 

con su tacto.

El hombre que no me amó,

caminaba a espalda mía,

teñía sus palabras en almíbar y

cegaba las mías.

El no amaba el viento, ni la lluvia,

ni el lamento, ni el canto de la cigarra,

ni el son lisonjero que mi corazón

guardaba.

el hombre que no me amó,

tampoco me dejó amarle, solo 

fabular una historia y tejer mis velos.

...Despues

 Quiéreme ahora en el beso lento y

húmedo que nos despierta la piel.

Quiéreme ahora que tu lengua dibuja

en mi piel el rastro del deseo 

perseguido.

Quiéreme y olvida el después, 

el cuanto, el por qué.

Olvida tu nombre, el abrigo que 

arrastras, las suelas desgastadas

del corazón y vístete de piel y 

fuego, solamente nos espera

el paraíso del deseo.

Olvidada en la piedra de su estatua

lloraba esa mujer marmórea, la vida 

que contemplaba.

Sujeta en su pedestal envidiaba 

la suerte de aquellas que ocupaban

el mascaron de proa, salpicadas

por las continuas olas, viajeras

de la aventura, náufragas de la mar,

descubridoras de piratas, avistando

insólitas islas, arenas blancas.

Olvidada en la piedra de su estatua,

lloraba esa mujer marmórea,

la condena de una vida eterna,

sujeta en su pedestal.