En este aire quieto
que atrapa la nube
de mi pensamiento,
suspiro y exhalo
la condena del alma,
el tiempo no detenido,
el recuerdo
que nunca se apaga.
En este aire quieto
no existe el eco para
el pálpito del corazón
dormido, ni el sueño
que mece la vana ilusión
del hombre, ni el afán
temprano de seguir
tu sombra para encontrar la mía
ausente, sola.
En este aire quieto
sofoco el silencio
del grito mudo, sordo
que invade las entrañas
de la razón que pierdo
en el tedio de la vida
que a veces habito.
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