Préstame tus labios,
la boca que simulan,
la palabra
que desprenden,
el beso
que ocultan.
Déjame su tersa finura,
el leve corazón que dibujan,
el azúcar
de su comisura.
Olvídalos mientras duermes y
elévame en ellos
al sueño
que te ocupa.
No pronuncies mi nombre,
ni soples la llama
encendida...préstame
el susurro
que su amor esconde,
bendíceme con su celo,
séllame en su beso
como un lacre eterno
que guarde la carta
de amor,
que estamos viviendo.
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