Quieto, detenido
como un día triste,
húmedo
donde ruedan lágrimas
de cristal lentas, sedosas,
ausentes tal vez del tiempo
y su voraz apetito.
Quieto, perpetuo
como el frio del inverno
que invade la grieta del
muerto corazón de la roca.
Quieto, detenido,
perpetuo como
el inexorable avance
del día que se levanta y corre
paralelo a unos pies que
persiguen su horizonte.
Quieto con el regusto
amargo de la tierra
yerma, sin sentido
como las olas quietas del
sueño deseado.
Quieto, detenido, perpetuo,
ausente como el cielo
de una ciénaga,
olvidado.
Quieto...
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