Mi pecho derrama el delirio
de un marchito amor que
desparrama narcisos truncados
al borde del estanque
de tu pálido corazón.
Olvidaste no mirarte, no saciar
el vicio de cabecear sobre el agua,
buscándote los ojos y no,
nuestro corazón.
Se paro el tiempo sobre el reloj
de arena de nuestra historia y
una vez más mi sueño roto,
la voraz realidad invadiendo la vida,
salvando el anhelo de libertad,
la voluntad de ser simplemente
una mujer y sus deseos.
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