De vuelta a casa resbalan tristes
los edificios a mi paso,
la carretera se queda sola,
las luces de neón espantan
la música atronadora
de una orquesta de verano.
De repente la cuesta que desciendo
araña mi garganta y sé
que estoy sola,
los grafitis de las paredes
me cuentan nuestro recuerdo y
el corazón
me abandona por momentos.
De vuelta a casa los neones
apagados ocultan las sombras
marchistas de las fotos
de otro tiempo y
solo vibran en mi
los acordes lejanos
de la canción de otros veranos.
De repente brilla en mi
el lucero de la madrugada y
un escaso petardo espanta
el sueño atroz de vivir así,
entregada al incierto momento,
ebria de anhelo,
borracha
de deseo.
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