A veces la piel olvida
el tacto del amor,
el beso que ocupa
cualquier hueco,
la lectura perseguida
de los labios tempranos.
A veces la piel escucha
la ausencia de cualquier roce,
las caricias perdidas,
el eco del corazón errante
buscando el exilado abrazo,
sin patria donde encontrarse.
A veces la piel olvida
el surco de la sonrisa,
la danza antigua del alma
enamorada,
el resorte deshilado
de nuestras manos
en la memoria
de nuestra melancolía
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