albergo el mapa de la ternura
infinita que la vida me concede.
Pergamino para los versos
de mi corazón,
escultura para el azote
del viento, lienzo para los cielos
que me acompañan, albergue
de una semilla ya granada, tersura
para el amor y eco de la voz
para el alma.
Pandereta percutida siempre,
elástica en el dolor y el amparo,
sensible al calor y al frio,
temerosa del miedo
en su vello encrespado.
Sensitiva al roce de la ventisca
y la arena, a la suave brisa
de una tarde de verano,
al pellizco de la breve
primavera,
al terciopelo de la rosa
y la espina de su rama.
Asimila el tacto de la palabra,
la escucha de las emociones,
la sed de un tiempo que pasa,
la herida cicatrizada, y su roce
al latido de un corazón
que se extiende para poder
habitarla.
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