lunes, 18 de abril de 2022

PRIMAVERA

Atisbo la primavera,
 sus primeras flores
de almendro, 
el trinar mañanero 
en el jardín de casa,
los calientes rayos
de sol tras el cristal 
de la galería, y el cuerpo
lento e indolente lleno
de un melancólico latir.

Después de tanto hielo
bañando el azul del cielo
y la entraña de esta tierra,
el tiempo no se ha detenido,
y ajeno a mis ritmos
sigue su curso,
extraño al lento avance
de mi vida,
 sujeta a una inercia
 que me pertenece
y no quiero, detenida en el aire
de marzo, suspendida 
en cortos vuelos del alma,
sorprendida en tardes que se alargan, 
en las pequeñas flores de mis plantas
luciendo vistosos colores intensos.

Cualquier paseo me sorprende
viendo esplendorosas las flores
de las mimosas, de los perales
desatendidos estampados
en esta tierra arenosa, 
y ese horizonte que aleja el día,
y pospone la puesta de sol
para la condena del alma,
perezosa al brillo que no espera
y olvida el leño ardiente,
y la ceniza de la brasa.

La primavera llega y su manto
no logra atraparme para resarcimiento
de este cuerpo que a veces quisiera
ausente, vivido solo por mis sentidos,
ajeno a la ejecución del movimiento,
pleno ya, imbuido del derroche
de una estación que determina 
y no adolece en su empeño.

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