Debajo de nosotros nos contemplan
las encinas como ovillos
desmadejados sobre escasas
hierbas, preñan el tímido cielo azul
y la bruma leve se lleva de la mano
la tarde.
Dehesa que cura el pulmón
y la locura de vivir, dehesa triste
que entre sus ramas sostiene
los últimos halitos de vida
para el horizonte fijo del que se va
como el toro de la lidia al ruedo.
Debajo de nosotros sobre las pardas
hojas de las encinas, calientan
breves los rayos de sol,
y una quietud ausente de eco
se propaga de copa en copa
para sostener mi desvelo.
Mientras tu te marchas más allá
de esta ola de cielo por los altos
andamios de las nubes
que se tienden a esperar
tu alma florida y liberada.
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