Ayer la lluvia lamió la piel
de mi herida, rozo suavemente
mi pelo y como un adentrarse
en el zaguán de la pena,
anego mi alma marchita.
Bajo el tenue gris del triste
corazón escondido alzo el telón
que a veces la cotidiana vida
nos presenta como un apuntador
por escasos momentos ausente,
para liberar el pecho y
anhelar un destino imposible.
Ayer la lluvia lamio levemente
la persona que olvido y
solo encuentro contigo,
bajo el arcoíris de este amor que
enciende nuestro cielo como
un adentrarse en el zaguán
de la alegría que guarda
nuestro recuerdo.
Como el tiempo
guarda el tesoro de la eterna
ilusión infantil.
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