Tengo los zapatos ajados
y el corazón vencido.
Mi pecho roto lo recorre el viento
y hace girones con la piel
marchita del alma.
De tanto vencerme bajo las velas
de la caprichosa vida emerjo
a cada instante, aliento mis huesos
y coso los rotos por donde habitan las heridas.
Tengo los zapatos ajados
y el corazón vencido.
Mi paso abate la tierra
por donde se esparce la memoria
que viste la piel de mi cuerpo.
De tanto llorar lo que nunca fue,
mi garganta es arena, y el acordeón
de mi costado sostiene leve un corazón
perseguido por habitar este mundo.
Tengo los zapatos ajados
y el corazón vencido
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