Camino sin senda hacia
el horizonte fijo
con los pensamientos
que habitarán la desmemoria del alma.
Roto con la tierra y avanzo
hacía el eje torcido y terrestre
donde los días suceden
a las noches, y las estrellas
a las lágrimas derramadas.
Perderse bajo la inmensa
ola de este cielo en el laberinto
de sombra donde anidan mis adioses
marchitos, y perseguir al fauno,
cavando la entraña
para que la herida libre
encuentre el hueco,
y repose el latido
cansado de este corazón maliciento.
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