martes, 19 de diciembre de 2023

Nana

 Ahora tiendo mis manos deshiladas

al mar, a la ola de cielo escaso

que preside el otoño en estas tierras

donde sopla viento y arremolina

cardos olvidados.

Siento la caricia del aire 

entre mis dedos y me aturde

su zumbido, arremolinando mi pelo

en maraña desmadejada,

libre al fin como el alma que 

arrastra.

Solo el paisaje me persigue

sin memoria, ajeno al corazón

que hoy canta en mi garganta

la nana eterna donde ensoñar 

el tiempo y la vida que se trama.


Ahora tiendo mis manos deshiladas

a la tierra que abato en mi pisada,

a la rosa tardía que desafía

el otoño y pierde su fragancia

en el viento loco que arremolina 

mi pensamiento.

Siento la nostalgia

de otros momentos y 

la nana que mi cuerpo mece

evoca las suaves lomas

donde las encinas dibujan  madejas

enmarañadas y pardas,

y un cielo prístino de escasas nubes

recuerda la mirada de juventud

prendida en el alma.

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