Ahora tiendo mis manos deshiladas
al mar, a la ola de cielo escaso
que preside el otoño en estas tierras
donde sopla viento y arremolina
cardos olvidados.
Siento la caricia del aire
entre mis dedos y me aturde
su zumbido, arremolinando mi pelo
en maraña desmadejada,
libre al fin como el alma que
arrastra.
Solo el paisaje me persigue
sin memoria, ajeno al corazón
que hoy canta en mi garganta
la nana eterna donde ensoñar
el tiempo y la vida que se trama.
Ahora tiendo mis manos deshiladas
a la tierra que abato en mi pisada,
a la rosa tardía que desafía
el otoño y pierde su fragancia
en el viento loco que arremolina
mi pensamiento.
Siento la nostalgia
de otros momentos y
la nana que mi cuerpo mece
evoca las suaves lomas
donde las encinas dibujan madejas
enmarañadas y pardas,
y un cielo prístino de escasas nubes
recuerda la mirada de juventud
prendida en el alma.
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