Hubo un día y existió el momento
para rasgar el verbo,
para perder el control
entre las palabras tardias
que poblaban
tu boca a destiempo.
Como morir sin estar muerto,
incinerando el resto de un amor
que naufrago sujeto al delirio
de no cabiamos los dos.
Resolución sujeta a unas manos
que ar añan el tiempo
de los incumplidos sueños
como el horizonte que nos espera
al final de los días marchitos,
de los feagantes
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