se adentra en la orilla del olvido,
un llanto lento y escaso lame
la orilla de los recuerdos prendidos
en la memoria
donde habita la sombra.
Bajo el amanecer desprendido
del perezoso invierno,
una mujer escucha los leves trinos
tras el cristal de cualquier ventana,
sostiene ligera el sueño
de despertarse al día y
estrenarse en la emoción
de vivir
nuevos olvidos.
Mi corazón de tierra me espera
presto al sentir del viento
que mece las azules olas
de este mar compasivo
donde se disuelve
el llanto de toda vida y
la pena ser y no ser el olvido
que uno a veces quisiera.
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