que habita en la piel de tu brazo,
lame el instinto vertiginoso
donde se aloja la lujuria de cualquier
tarde de otoño mojada por la tímida
lluvia sobre las hojas del encinar.
Un instante de tu piel
sobre el escenario de una tarde
de otoño cualquiera.
conjura el instante
de un encuentro remoto
y prendido al deseo constante
de una melodía
para la menoría del alma.
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