Caminas ciego,
abanderado por tu dolor
y eliges en mi su diana certera.
No sopla el viento del mar
y el fragor de las olas bate tu triste
corazón para la melancolía del alma.
Bailas la danza antigua
donde se sume el dolor y alejas
la mirada de mis ojos
como si borrases mi existencia.
Giramos con la tierra y sus días
y una elipse invisible nos sujeta
a la espera de ser otros y habitar el amor
que nos profesamos.
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