Solamente desvestimos nuestra
piel envueltos de deseo,
con el corazón aparcado
a los lados de la cama,
con nuestro ayer
a los pies del recuerdo.
Solamente desvestimos nuestra
piel y lamemos sus heridas,
el dolor que lacera, la ausencia
de nuestras almas.
Tendemos nuestro pensamiento
sobre las sábanas y olvidamos
el viento que acaricia el deseo,
sujetando una vez más nuestra
pasión al horizonte incierto
de una vida que relevamos
junto al oasis de nuestro desierto.
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