del teléfono donde me reclamas,
del beso robado en la mañana,
del solicito consuelo
ante mi queja.
Me olvidas por la ferocidad
de la vida que avanza,
por la efímera
libertad que te consagra
independiente.
Me olvidas por el tiempo
que alargas
para alejar el destino certero
que te ata firmemente al horizonte.
Por un tiempo me olvidas mientras
me guardas en nuestro hogar,
ignoras la espera,
el afán del encuentro
que sin saber olvidamos
en el devenir cotidiano.
El destiempo invade
nuestras miradas, nos aleja
y mientras uno enseña
lo que el olvido no se lleva,
el deseo voraz e intrépido
de morder
otras vidas nos devora.
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