La noche cae sobre el huerto
y la higuera crecida invade
la piedra granítica del lavadero,
la quietud del momento
huele a madreselva y Venus
se estampa contra el pico
Almanzor.
La luna inmensa recorta
la silueta del circo de Gredos
a lo lejos y sentada
en el desgastado poyo de la vencida
casa, ausente de su historia,
contemplo un paisaje de otros
que ahora es mi recuerdo.
El cielo que me ocupa dibuja
imágenes de adolescencia perdida,
de días de verano ausentes
de lo cotidiano, perdidos
para el alma y llenos del amor
de tus desvaríos por ese suelo
que a ratos cultivabas,
haciendo tuyo el anhelo
de la tierra, medula, eje,
centro, regidora
de un destino diferente.
En el silencio de tantas noches,
vuelvo allí para encontrarte
y serenarme en la sonrisa
que siempre me devuelves,
plena de corazón, de belleza, de la luz
que siempre será nuestra,
de la palabra por escuchar,
del silencio donde habita profundo,
extenso, inacabable nuestro amor.
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