Te quiero pero no importa,
el cielo sigue construyendo su azul,
elevando los vientos,
cegándonos la voz
que apenas sale de la garganta.
Te quiero pero no importa,
el océano mece sus olas,
rompiendo contra la costa,
mojando tímida la arena
que se pierde en nuestras manos.
Te quiero pero no importa,
el sol lejano dispara sus cálidos rayos
brillando sobre el cristal
que aísla nuestras ventanas
y la tierra gira con nosotros ausentes
hacia la próxima estación.
Te quiero pero me importa
y tengo tu voz, tus manos,
el cielo de mi infancia,
el sol de nuestras ventanas
y todas las posibles estaciones
que caben en mi corazón.
Te quiero pero no importa,
el destino siempre espera a destiempo
y siempre esparce su poso de ceniza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario