martes, 17 de enero de 2023

PRIMAVERA

 Atisbo la primavera, 

sus primeras flores de almendro,

 el trinar mañanero

 en el jardín de casa,

los calientes rayos de sol

tras el cristal de la galería,

y el cuerpo lento e indolente

lleno de un melancólico latir.

Después de tanto hielo bañando

el azul del cielo y la entraña 

de esta tierra, el tiempo

no se ha detenido y ajeno

a mis ritmos sigue su curso,

extraño al lento avance de mi vida,

sujeta a una inercia

que me pertenece y no quiero,

detenida en el aire de marzo,

suspendida en cortos vuelos

del alma, sorprendida en tardes

que se alargan, en las pequeñas flores

de mis plantas luciendo

vistosos colores intensos;

Cualquier paseo me sorprende

viendo esplendorosas las flores 

de las mimosas, de los perales

desatendidos estampados 

en esta tierra arenosa, y 

ese horizonte que aleja el día y

 pospone la puesta de sol

para la condena del alma,

 perezosa al brillo que no espera y 

olvida el leño ardiente y 

la ceniza de la brasa.

La primavera llega y 

su manto

no logra atraparme para resarcimiento

de este cuerpo que a veces quisiera 

ausente, vivido solo por mis sentidos,

ajeno a la ejecución del movimiento,

pleno ya,

 imbuido del derroche

de una estación

que determina y 

no adolece 

en su empeño.

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