Somos espejos rotos,
téselas ínfimas que ligan
la vida que nos habita
desde el caos y la calma.
Somos el olvido, el recuerdo,
la cicatriz, la herida, el deseo,
la idealizada memoria
sobre nuestro cuerpo andante,
y el sueño de nuestros anhelos
desmadejados.
Somos la piel que extendemos
hacia los abrazos sinceros,
a las manos que nos sujetan,
a los zapatos que nos calzamos.
Somos lo que soñamos, los hijos
de nuestros deseos, los padres
que nunca seremos, la familia
que anhelamos y el espejo
en el que nos buscamos.
Aunque este roto
y esa sea la realidad
en que habitamos.
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