No puedo contemplarte
en esta fría noche de estrellas,
quizás mis ojos niegan
el arco que sujeta mi brazo y
solo encuentro tu cintura
olvidada en el cielo, como el tiempo
que obvio nuestro recuerdo.
Ni tus ojos perdidos, ni la mirada
escrutadora del momento contienen
mi alma desbordada en tanto
recuerdo.
Dime Orión, quien contuvo nuestro
deseo, el afán de nuestros sueños.
Dime tu desde el hemisferio norte,
si cualquier noche perdida
de este futuro invierno, nuestros
arcos lanzarán anhelos
como esas saetas fugaces que
lloran el amor de otros inviernos.
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