Porque la vida tiene miserias
que la mirada no esconde
y mis ojos no ven el mar,
y la orilla de mi corazón
no lame las olas,
ni degusta el salitre que el viento
esparce allí, donde la vida redime
cualquier dolor
y las lágrimas vierten su pena
en las aguas mansas de un océano
que sueño cada noche,
como el deseo adolescente
que me puebla el alma.
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