Quiéreme ahora en el beso lento y
húmedo que nos despierta la piel.
Quiéreme ahora que tu lengua dibuja
en mi piel el rastro del deseo
perseguido.
Quiéreme y olvida el después,
el cuanto, el por qué.
Olvida tu nombre, el abrigo que
arrastras, las suelas desgastadas
del corazón y vístete de piel y
fuego, solamente nos espera
el paraíso del deseo.
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