Olvidada en la piedra de su estatua
lloraba esa mujer marmórea, la vida
que contemplaba.
Sujeta en su pedestal envidiaba
la suerte de aquellas que ocupaban
el mascaron de proa, salpicadas
por las continuas olas, viajeras
de la aventura, náufragas de la mar,
descubridoras de piratas, avistando
insólitas islas, arenas blancas.
Olvidada en la piedra de su estatua,
lloraba esa mujer marmórea,
la condena de una vida eterna,
sujeta en su pedestal.
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