Yo que vine del desierto,
de la arena que puebla la carne,
del viento que calla la voz
del pensamiento,
de la soledad sonora donde reverbera
el sueño del corazón,
sedienta, hambrienta conservo
el alma intacta y bebo
de esta olvidada vida,
libre de hallar cualquier oasis
que satisfaga
abruptas realidades.
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