Tu que sin quererlo en el tacto
de tu mano alojas la caricia
de mi corazón.
Tu que sin saberlo en el vuelo
de la palabra despiertas mi deseo.
Tu que sin amarme en la mirada
implícita devoras la ausencia
de mi carne.
Tu que nunca desvistes la piel
que recorre mi lengua
Tu y solo tu reverberas
en mi pensamiento, lúcido como si ahora
fueras esas notas que enhebran
la melodía de mi cuerpo.
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