Y el miedo cosió mis huesos,
habito sus paredes y medro
en el tuétano de mi corazón.
Caminó lento como si
de una costumbre tratase su suerte.
Y fue la sombra en el mediodía,
la taza de café en la tarde,
el hilo del devaneo en la soledad
de mis noches.
Y el miedo ocupo mi pisada
descalza, ahondo en la huella
de los recuerdos, vistió conmigo
ropas nuevas, se miro al espejo
mientras me maquillaba y
oscureció la mirada de mi ilusión.
Y me acompaño silente y sigiloso,
habitó la cerradura de mi casa,
se acostó conmigo y me cedió su
almohada.
Ahora sabe que ya le entiendo y
la paseo conmigo por la calle, le cedo
un sitio junto a mi lecho y
le endulzo el café, borro sus ojeras
en nuestro espejo y
si me aterra, lloro su espanto y
me abrazo a la muñeca de trapo
que hoy soy
con los huesos descosidos y
todos mis harapos.
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