la infidelidad prendida al cabecero
de la cama, fingir durmiendo hasta
el adiós tras la puerta cerrada.
El regocijo de la soledad
inconsentida, el velo amargo
del pensamiento y unas manos
que me recorren sabias en el sueño
eterno de desplegar las alas.
Solo recuerdos vencidos que fluyen
este domingo lluvioso para entender
la dicha de desalojar el alma y
proclamar silente, ora otro tiempo.
ora otra gracia.
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