Olvide escucharme
en el silencio de la noche,
sentir el roce de mi piel
contra la sábana, el jadeo
que precede al juego de las caricias
mentales, recorrer mi cuerpo
con los ojos cerrados,
besar el hueco de la sonrisa silente
en la palma de mi mano,
lamer los labios amnésicos,
imaginarme aquello
que en cualquier instante
sacudiría en devaneo explícito
la entraña olvidada
en el desalojo de mi corazón.
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