Se perfila un cielo de nubes grises
desmadejadas sobre los desolados
edificios de la calle, la luna recorta
su cara diagonalmente asomando
escasa en la vertical perdida
de la plaza.
El leve jolgorio del bar pisa la acera
de mi portal mientras los recortados
árboles contra los edificios expanden
un leve rumor de hojas agitadas
por un viento que olvida
el rumor de la lluvia.
Es una tarde más de septiembre
que aboca un otoño presto a vestir
el gris pavimento pese
a los calientes rayos de sol
que habitan las paredes en la siesta
urbanita.
Nada escapa al leve temblor
donde se acortan los días.
Se agita el alma, la piel espera
la lluvia leve estampando el paso
del tiempo, y un cielo breve y
melancólico abandona su luz
contra las farolas que pueblan la calle.
Nada que perfilar bajo la rutina
de una tierra que gira y se traslada
conmigo ausente, acunando el alma
tras la ventana abierta a un resquicio
de contemplación.
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