Estoy aquí con el corazón temblando.
Espero una vez más
la tormenta,
el rayo que no cesa,
el súbito eclipse
que asola la mirada para la condena
de mis alas.
Estoy aquí con las manos
entrelazadas, sujetando
el deseo de acariciar un tempo
que me roce la piel,
envuelta en la melodía continua
de esta libertad que sujeto
por momentos bajo la mirada
de cualquier dios siempre
intentando condenarla.
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