Mi cuerpo sufre la derrota
en esta cama vacía dónde verterse
desconsagra el vino de este cáliz
al que tu procuraste el olvido
y yo, abandone en delirio iluso
de amarte.
La desolación se fraguo
en la melodía asonante
que entretenidamente tejió el tiempo
y el contratiempo verdugo
del deseo.
Y las nubes llovieron sobre
las olvidadas sábanas
y humedecieron la piel negada,
el tacto hermoso del corazón
cuando percute el leve repiqueteo
de las gotas que estallan en la ventana.
Y la pupila se acostumbro
a la macula que ciega el brillo
del tímido sol que habito
tanto invierno.
Ahora recojo las cenizas
de mi olvido y tejo con mesura la carne
trémula de este cuerpo que consagro
al alma que poseo.
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