A mi hijo
Nos pisaron el corazón impunemente
en las calles de nuestra vida,
removieron con su abuso
nuestra entraña más querida y en golpe
avieso derrotaron tu cuerpo bien
amado.
Tu don humano, ese que aterciopela
el alma que tanto quiero, voló
sabiamente desde el pavimento
hasta el aura que siempre
te acompaña y elegiste ser
el buen hombre que tu eres,
ese ser que comulga con su esencia
bien amada.
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